domingo, 6 de febrero de 2011

Concurso

http://lalittel-makeup.blogspot.com/2011/01/primer-concurso-de-lalittelmakeup.html?showComment=1297009196847#c3587760857265321985

martes, 9 de noviembre de 2010

Carta de despedida


Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera.
Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles “lo siento”, “perdóname”, “por favor”, “gracias” y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan.” Gabriel García Marquez

martes, 18 de mayo de 2010

Por la puerta de atrás o la lengua de los muertos.



Cuando era pequeña tuve la gran suerte de pasar gran parte de mi niñez viajando en tren, un tren de esos que ya no se hacen, se le conocía como ferrobús, o también como el catalán, por el trayecto que a esas tierras tan lejanas hacía y a las que yo y por aquel entonces dudaba mucho de poder visitar algún día, no conocía a muchas personas que hubieran viajado allí, y si las conocía ya no habían vuelto, o venían poco, en verano al pueblo de mis abuelos, a la Feria y poco más. Aquel tren era uno con solera, con el encanto de las cosas que cuando vamos creciendo y por ser ya antiguas tienen….añoranza la llaman algunos… añoranza de esa infancia diría yo, de esa que se fue y es poco probable que regrese, o que de hacerlo lo hace agazapada tras los ojos de nuestros futuros descendientes….

Recuerdo cómo los viajes de aquel entonces, podían ser tristes y anodinos o cargados de ilusión, dependiendo de a donde me llevara ese viaje. Los lunes por la mañana teníamos que madrugar mucho, yo siempre lo hacía de mala gana. Como creo que todos los niños de mi edad, me hacía la remolona, hasta que mi madre me llamaba tres veces.
Nos abrigábamos bien, nos poníamos la bufanda y el abrigo y salíamos haciendo un trayecto en el que mi madre era siempre la que se cargaba con la maleta. Atravesábamos la calle Alonso Martín y después acortábamos por detrás del Ambulatorio, pasando por las casas baratas, y un descampado que ya hoy no existe, estaba todo oscuro, y lleno de eucaliptus hoy ese descampado lo ocupa toda una hilera de pisos, que han hecho que el recorrido a la estación pierda gran parte de su encanto… el sonido de nuestros pasos sobre aquella carretera sin asfaltar y con adoquines era lo único que se oía, a veces yo miraba hacia atrás, intentando ver si había alguien, pero rara era la vez que nos cruzábamos con alguna persona. La mayoría de la gente llegaba a la estación en taxi, y allí nos encontrábamos todos. La estación era fría, y con ese olor característico que aún perdura en la retina de mi memoria. Casi nunca llegaba el tren puntual, y nos gustaba mirar en el andén ver aquella luz en el horizonte que nos indicaba que el trayecto estaba a punto de comenzar. Los billetes eran amarillos y rectangulares, y durante mucho tiempo los coleccioné, algunos tenían un triangulito pequeño, siempre en distintos sitios, marca que indicaba que el revisor te lo había pedido durante el trayecto. Siempre los guardaba mi madre hasta ese momento, después yo se los pedía, y los iba guardando, pero crecí y perdi el interés y ahora me arrepiento de no tener ninguno en mi poder….
Cuando el tren llegaba yo me sentaba rápido, buscando algún sitio en el que hubiera algo de calefacción que me ayudara a quedarme dormida el resto del tiempo, para así no tener que pensar, o mejor no tener que sentirme triste, iba a estar toda una semana entera separada de mi padre, y desde que me levantaba el lunes ya comenzaba a echarle de menos. Cuando llegábamos al pueblo no había tiempo para pensar, llegábamos con el tiempo justo de subir a casa e irnos al colegio, y entonces comenzaba la cuenta a tras para que llegara el viernes.
El viernes era bien distinto, y el tren era mi gran compañero, ese que de la misma forma que los Lunes me alejaba de mi hogar, me volvía a depositar en su regazo pasada la semana escolar. Ese día nunca me sentaba, iba de un lado a otro, investigando, mirando curiosa por la ventana el paisaje… las encinas de mi tierra…como si lo que aquel recorrido me mostraba hubiera cambiado y me proporcionara estampas más estimulantes que las que a principios de semana había. Al principio el tren si paraba en Almorchón, me gustaba mucho aquella estación que se notaba que algunos años atrás había sido mucho más importante que ahora. Mi madre me contó que antes Almorchon era parada obligada de muchos viajeros que debían continuar su viaje hacia Córdoba, e incluso había junto a la estación una especie de Hostal que hoy esta totalmente abandonado y cubierto de enredaderas.
A mí me gustaba imaginarme a las personas que allí habían estado, me preguntaba cómo irían vestidas, como olerían, me inventaba conversaciones entre ellos…
De todas formas esa no era mi parada preferida. Hasta la edad de 8 años, siempre esperaba con impaciencia llegar a la estación de Quintana, una estación en la que aunque el tren paraba, rara vez se montaba algún pasajero, otra estación abandonada, pero que me trae los más bellos recuerdos, porque allí estaba siempre mi abuelo. Mi madre, mi hermano y yo, solíamos jugar a adivinar si el abuelo nos estaría esperando aquella vez, y aunque la respuesta siempre era afirmativa, y el juego no tenía demasiado sentido, aquello se convertía en una rutina que nos unía y a la que dejamos de jugar cuando mi abuelo se marchó. Además siempre nos llevaba algo, a veces era un manojo de espárragos recién cogidos , otras veces una limonada bien fresquita y con mucho azúcar, como a mí me gustaba, o quizás algo de caza para mi madre, que con lo poco que comía era de las pocas cosas que siempre le apetecían. De mi abuelo tengo muchos recuerdos, recuerdo el olor de su colonia, las rebecas que usaba, siempre del mismo estilo, con el cuello de pico y con botones, pero en diferentes colores grises, verdes… su porte delgado, su cabello hacía atrás…. La alegría de los días de caza cuando siempre venía diciendo lo mismo : ¿A que fue el rey a Graná?, a ná, lo decía con una especie de canturreo, que desde luego no engañaba a mi madre, después regresaba al coche y sacaba la mercancía escalonadamente, y nosotros disfrutábamos mucho con ese ir y venir. Cuando mi hermano empezó a andar era un fastidio, porque cada dos por tres le pedía a mi abuelo que le cogiera en brazos, y mi abuelo como buen maestro le decía : No, si estás cansado vamos a sentarnos un ratito en esta puerta y cuando descanses continuamos. Estaban muy unidos y a mi me hubiera gustado ser ese niño pequeño al que le enseñaron a andar sin cansarse. Y asi lo hacíamos siempre. Él fue quien me enseñó a montar en un solo día en bicicleta, una Torrot roja que el mismo me regalo, no recuerdo bien si por mi cumpleaños.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Pedro Salinas


Madrid, 1 de agosto de 1932

Sólo el peso de tu carta en el bolsillo me servía de prenda, de prueba. Vivía yo en ese rectángulo de papel. Era el lugar más cierto del mundo. Y antes de poder abrirla, así, cerrada y en el bolsillo, tu carta era el puente con la vida, el sí que me daba la vida a la pregunta atormentada: «¿Soy? ¿Es? ¿Somos?». Sí, sí, sí. Todo, sí. Todo, sí, oye, todo sí. Y luego en mi cuarto la leí. La he leído. La leeré. ¡Cuántas delicias! Primero la delicia de ir aprendiendo tu escritura, tu letra, de tropezar en una palabra y descifrarla, por fin. ¡Tu escritura, un modo más de ti, una manera más de vivir tú! Primera carta tuya, en inglés. Júbilo, júbilo, alegría. ¡Sensación festival, inaugural, de promesa, de fiesta! No importa que toda tu carta esté teñida de una sombra de melancolía, tierna y suave.


Así debía ser, así. Pero por encima de esa melancolía, hay algo que me da un gozo sin límite. Esto. «You have taken away the cynicism which was growing upon me.» ¿Es posible? ¿Tendré yo la suerte de ser elegido para en un momento difícil de tu vida salvarte de algo? ¡Qué gran justificación, ya, de mi papel a tu lado, de mi compañía! Ya no es por egoísmo, por lo que debo seguirte a lo lejos en la vida, es por bien tuyo. Soy capaz de serte espiritualmente útil. Y me preparo, ¿sabes?, ante esta espléndida tarea: ayudarte a vivir, arrancarte de las fuerzas negras, de los poderes sombríos que te amenazaban. Y eso por ti, no por mí, ¿sabes? ¡Oh, si tú me hicieras ese favor, dejarme que te sirva! Qué cosa más justa, que tú, que no imaginas tal entusiasmo por la vida, recojas, devuelto a través de mí, ese entusiasmo que es tuyo.


No, no, tú no has nacido ni para el escepticismo cínico, ni para la frivolidad desengañada, no. No te rindas nunca a eso. No te puedo imaginar paseando tu spleen, por terrazas de grandes hoteles, con cualquier ser insignificante. Nunca. Cree en ti, cree en tu valor único, en tu distinción suprema, en la nobleza de tu alma. Y vive de ella. Yo de lejos, de cerca, te ayudaré. Hasta que no me necesites más. Y mira, no tengas temor, oye, de quitar a nadie nada, queriéndome, no. ¡Me lo dices tan delicadamente en tu carta! No, yo no soy ni seré peor para nadie por ti, no. Lo que tú me pides, lo que yo te doy en nada atenta a lo que debo a los demás. Tú en mí no serás nunca nada malo, nada que robe algo a alguien, no. No tengas miedo. Seré cada día mejor. Tú me has alumbrado una nueva riqueza y por eso lo que a ti te doy a nadie se lo quito. ¿Comprendes? Nunca sufras por eso. Eres pura, leal, clara. De ti sólo puede venir luz alta, luz de paraíso.



No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo,
te está esperando.


Pedro Salinas

lunes, 12 de octubre de 2009

Me declaro culpable


Ver mi nombre así me ha traído recuerdos, recuerdos de una mañana de Domingo en el Retiro... Ese día lo pasé con mi amiga Raquel, una amiga de facultad, con la que he compartido muchas de las cosas que tu has logrado ver... Fue un día de sol y de abrazos mudos, y un desconocido me hizo un cartelito con mi nombre, después de ver durante una hora como dibujaba el nombre de los transeúntes. Mirar sus manos mientras realizaba aquellos trazos, era como dejarse dormir por el sol, ese que no molesta, ese que nos suele besar en la frente... Hoy mi Lunes ha sido como abrir un paquete de alguien a quien queremos, de alguien que nos ha hecho recordarnos a nosotros mismos..de alguien a quien esperamos...

Un montón de viejos recuerdos que por percibirlos hoy se hacen nuevos me han estado abrazando los últimos días... A pesar de todo, no dejo de sentirme un intento de niña luchando por no convertirse en mujer, arropada por todo aquello que de alguna manera ha aprendido a quererme estos días, o estas eternidades, que más da, no tengo la claridad de mente que otras veces, pero aun así a todo de lo que ha estado a mi otro lado de la cama, me gustaría darle las gracias... Darte las gracias, no me importa ser repetitiva en algunas ocasiones... Que te puedo regalar? Aceptaríais mis días?? Aceptaríais mis frases sin terminar, mis equivocaciones, mis perdones, mis calladas por respuesta, aceptaríais las conchas del mar, la brisa del cantábrico, mi bautizo, mis aventuras, mis miedos, mis abrazos?? Todo necesito compartirlo , no tengo claro por qué, quizás es porque quiero aferrarme a la vida con fuerza, quizás es porque quiero seguir aprendiendo a querer, a volverme más observadora, aprender a ser un poco mejor , y perdoname que sea egoísta, pues al fin y al cabo este ataque de generosidad, solo obedece a la ineludible necesidad de querer volver a mi hogar...

sábado, 10 de octubre de 2009

De todo lo visible y lo invisible


Aprovecho un día triste para escribir sobre una sonrisa, quizás (y sólo digo quizás...) , pueda salir algo bonito... Desde mi ventana se ven dos albañiles(debe ser la hora del bocadillo...) están asomados a un balcón, uno de esos que pronto serán ocupados por alguna familia, no se si ya será otro niño de sonrisa radiante, ni siquiera sé si yo les observaré como antes. Creo que se han dado cuenta de que les estoy mirando...,¿ que será lo que ven ellos? Echo de menos mi barrio, los árboles de la Avenida que apenas dejaban que entrara el sol por la ventana, mi gente... El nuevo piso, es eso, un piso demasiado nuevo para mi, en una zona demasiado nueva, ahora sólo vivo yo en el bloque, y lo mejor son las excursiones que hago a partir de las 6.30. cuando ya no se ve nada, y tengo un edificio entero para mi... Cojo la linterna, porque aun no hay luz de puertas para fuera y me meto a curiosear en las casa de los demás...Imagino que pronto las cerraran y se me terminará el entretenimiento